Algunas de las mayores dificultades a las que nos enfrentamos al establecer relaciones con otras personas son las críticas y los juicios que emitimos sobre otros debido a que no son las personas que queremos que sean.

Para tener relaciones sanas tenemos que aprender a aceptar a los demás tal y como son en realidad; porque sin darnos cuenta, con cada juicio que emitimos en contra de nuestros padres, hermanos, hijos, amigos, parejas o compañeros del trabajo nos hacemos más débiles y nos alejamos de la felicidad.

En su libro “El arte de no amargarse la vida” el psicólogo español Rafael Santandreu asegura que el secreto para tener los mejores amigos es pedirle a cada amigo sólo lo que pueda dar. Nunca lo que no pueda dar. 

A un amigo que es siempre impuntual no podemos pedirle que llegue a tiempo, es mejor pasar a recogerlo a su casa. Al amigo que sólo te busca para chismear, no es conveniente contactarlo cuando necesitas un confidente. Parece algo muy lógico, pero con frecuencia hacemos todo lo contrario y terminamos exigiendo a nuestros familiares, parejas y amistades que sean perfectos.

Cada persona tiene sus puntos fuertes y sus puntos débiles y no podemos exigir a otros cosas que no pueden darnos. Al respecto, Santandreu propone que debemos componer un ‘collage de la amistad’, término que se refiere a plantearse las relaciones como un gran mural donde cada persona te aporta una cosa diferente.

La aceptación incondicional de los demás nos lleva a aprovechar las cualidades de nuestros amigos y a olvidarnos de sus fallos. De la misma forma, uno no debe dejarse presionar por los demás, pues cada uno de nosotros escoge lo que desea aportar y no tenemos por qué esforzarnos en complacer a los demás .

Para mejorar las relaciones en pareja, la aceptación incondicional de los demás es clave para crear una relación sana y duradera. Una buena pareja es aquella que es capaz de ser feliz independientemente de lo que haga el otro.

Cuando estamos en una relación acostumbramos recurrir a la queja y la lucha para tratar de solucionar un problema. Nos quejamos si uno no sacó la basura, si el otro acaparó todo el closet o si no apretó la pasta de dientes de la manera correcta. Nos quejamos y quejamos para al final no lograr nada.

Es importante no quejarnos porque al hacerlo solemos exagerar y terribilizar. Centramos la atención en lo que no funciona del otro y olvidamos lo que sí funciona.

Nos hacemos desgraciados a nosotros mismos porque nos convencemos de que si la cosa no cambia no podremos ser felices.

La segunda razón para no quejarnos es que, cuando lo hacemos, paradójicamente hacemos que el cambio sea más difícil.  Se trata de un fenómeno de psicología inversa.  El hecho de darle importancia a algo y estar dispuesto a pelear por eso, hace que este asunto adquiera una relevancia absurda.

Para mejorar las relaciones en pareja es necesario quitar importancia a las demandas mutuas, en lugar de exigir intentemos sugerir. No nos amarguemos por lo que no funciona en la relación. Al enfrentarnos a un problema en pareja debemos hacerlo de forma moderada para facilitar su resolución; pues pese a los defectos que tenga nuestra pareja, no hay defecto tan grave como para hacernos realmente infelices.

Referencia:

Santandreu, R., (2011) El arte de no amargarse la vida, México D.F., Ediciones Culturales Paídos

Aprende a aceptar incondicionalmente a otros para mantener relaciones sanas y duraderas.